La Coctelera

Comeclavos

Apodado también dientes largos y ojo de satán y lord high life y sultán de los tosedores y cabeza hendida y pies negros y chistera y bey de los mentirosos y palabra de honor y casi abogado y embarullador de procesos y médico de lavativas...

Categoría: Leídos

23 Febrero 2007

“Moonlight Blues”, de Stefano Casini

Esta película ya me la han contado antes

Boxeador sonado. Mujer fatal. Saxofonista que toca en un tugurio. Matón a sueldo. Prostituta de corazón de oro. Una gran ciudad en la que enamorarse de la chica del jefe o pelear un combate amañado. Una pistola en un callejón...

Es verdad, es un película; hasta tiene el aroma de un clásico. Pero está muy vista.

Y no ayudan unos diálogos tan largos, ni una voz en off (perdón, un narrador omnisciente) que se extiende, más bien se derrama, demasiado en el relato de los hechos. ¿No era el género negro dado al laconismo? Así, la historia increíblemente se hace pesada a lo largo de sus 48 páginas, cuando un capítulo de Sin City con el doble de extensión se lee en un suspiro trepidante.

Historia correcta como homenaje a otro tiempo y a otra forma de contar las cosas, pero no da para más.

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18 Febrero 2007

“Los misterios de Madrid”, de Antonio Muñoz Molina

Paleto en la gran ciudad

Lorenzo Lorencito Quesada es una persona media con un trabajo medio que vive en Mágina, una ciudad media de la Andazulía profunda: o más bien un pueblo grande, que no cuesta imaginar como una representación de la Úbeda natal del autor. Por su labor de periodista de provincias, a Lorencito el cacique local le encarga que vaya a la Capital y recupere la imagen robada del Santo Cristo de la Greña, una escultura de la cofradía del pueblo tenida por muy valiosa. Entonces el protagonista viaja a Madrid y le pasan cosas. Sobre todo cosas divertidas, para el que las lee.

Madrid se describe aquí tal cual era en el año de gracia de 1992, cuando se publica esta historia por entregas en el El País (episodios de cuatro páginas exactas cada uno, lo justo para seis paradas de metro): era un poblachón asfaltado con aspiraciones de ciudad cosmopolita. Todavía lo es. Recordemos, en todo el país no se hablaba de otra cosa que del Quinto Centenario, la Expo, salvad a Curro, las Olimpiadas, ya semos europeos, ubicar España en el mapa del mundo y todo aquello... Así que ¿quién es más provinciano? ¿el beatillo pueblerino Lorencito Quesada, que investiga un misterio religioso cual casposo padre Brown que llevará el traje pringado con lamparones de aceite y tomate?; ¿o la recién estrenada Capital Cultural (el timo de fin del siglo) que rivaliza con Sevilla y Barcelona en gastar más dineros para aparentar modernidad mientras sigue sin desatornillarse la boina de la cabeza ni quitarse la manta burrera?

En esta novela hay mujeres misteriosas, engaños, magnates poderosos, asesinos exóticos, confesiones, descubrimientos y mucha ironía comedida de la que se gasta Muñoz Molina. Los esquemas de los subgéneros vienen bien para este tipo de historias, porque dan el camino a recorrer ya hecho. Y además lo divertido es reconocer el esquema: poco antes Eduardo Mendoza se había puesto a patear las calles de Barcelona en busca del alienígena Gurb, mientras describía disparates inmobiliarios y sociales parecidos. Mendoza y Molina son señores educados, ya vendría luego el relevo generacional con gamberros como Pablo Tusset y Rafael Reig para describir las dos urbes en el nuevo milenio.

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17 Febrero 2007

“Y vendrán... Las migraciones en tiempos hostiles”, de Sami Nair

Vienen para quedarse

El sociólogo Sami Naïr, elabora un documentado ensayo sobre el fenómeno migratorio en la actualidad. Si bien un capítulo está dedicado a los movimientos a través de la frontera entre México y los EE.UU, se trata principalmente de un estudio sobre la situación en, y alrededor, del continente europeo. Una mirada estadística que analiza las directrices de la Unión Europea y las políticas de contratación y regularización de sus diferentes estados. No por ello se pierde una perspectiva más humana, relativa al deterioro y la pérdida de derechos tan fundamentales como el de asilo. Tampoco se excluye una denuncia efectiva del estado de los campos de internamiento en los países fronterizos de la UE (el Magreb y el este europeo), reducidos a la condición de gendarmes y filtro de la mano de obra necesaria. Quien quisiera una metáfora visual de esta situación tenía hasta hace poco la oportunidad de ver en el cine Hijos de los hombres

A proposito de esta referencia cinematográfica: la oposición que pueda hacerse ante el movimiento migratorio, según el autor, choca con la realidad de una pirámide demográfica en progresivo envejecimiento. La emigración extracomunitaria no sólo pagará la pensión del viejo caballero europeo orgulloso de sus raíces cristianas: también llenará sus guarderías. De ahí que Naïr difiera de políticas que establecen minorías vigilantes unas de otras y generan guetos étnicos (el modelo anglosajón). Aboga en cambio por engendrar un gran mestizaje a través del llamado modelo brasileño, dentro del cual nadie es discriminado por su cultura ya que esta es común a todos. La integración a fin de cuentas.

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5 Febrero 2007

"La torre de la golondrina", de Andrzej Sapkowski

Nuevos aires para viejas historias

Sexta entrega de la saga protagonizada por el brujo Geralt de Rivia, una serie que supone una renovación en los esquemas de un subgénero literario tan traído y llevado, tan denostado y comercial como sublime (a veces), cual es el de la literatura fantástica. En la mayor parte de sus “diversas” variedades (épica fantástica, fantasía heroica, de capa y espada, de espada y brujería; y así hasta el infinito) esta literatura había quedado atrapada en los manidos clichés generados por el mundillo literario anglosajón, que lo dotaba de héroes demasiado santos o antihéroes demasiado amorales.

Con los dos primeros libros de la serie (los volúmenes de relatos contenidos en El último deseo y La espada del destino), uno podía descubrir a un personaje como Geralt, cazador a sueldo de criaturas mágicas, que se muestra más receloso hacia los seres humanos que le pagan que hacia las criaturas rapaces que intentan masticarle, envenenarle o mutilarle. Por usar una de las muchas imágenes que se parodian postmodernamente a lo largo de las diversas novelas, en sus procedimientos, Geralt tiene más en común con un alimañero furtivo que con un caballeresco San Jorge enfrentado con el dragón. Sus acciones son las propias de un hitman como los retratados por Hammett o Chandler; dos autores que (ahora lo descubrimos) aparte de renovar el género policiaco, escribieron la verdadera novela social de su tiempo.

Con Sapkowski, antiguo funcionario polaco y economista de profesión, ocurre igual. En esta última novela y en un mundo poblado por dríadas, semielfos y magia por doquier, el autor puede ocuparse en algunos párrafos de la minuciosa descripción de un proceso de recalificación de terrenos, un auténtico “pelotazo” urbanístico (como suena) en las tierras de Fantasía. Y cuando al comerciante especulador se le reprocha su actitud lucrativa, este aduce que se confunde el robo con el “espíritu empresarial del individuo”. Nosotros los mercaderes, por nuestra parte, dirá más adelante para justificar un brutal espectáculo de masas patrocinado por él mismo, hemos de actuar siguiendo esta regla: hay que darle al cliente lo que el cliente desea.

Hay una guerra en esta novela. Para ser exactos lleva habiendo guerra desde el tercer libro (La sangre de los elfos) y siguientes (Tiempo de odio, Bautismo de fuego); una guerra amplia que enfrenta a ejércitos poderosos. A diferencia de interminables novelas-río del mismo género, aquí el conflicto importa poco, es casi telón de fondo y ambientación de la obra: sólo se trata de un grupo de grandes cabronazos con títulos nobliarios líandose a espadazos entre sí y contra una superpotencia regida por otro grandísimo cabronazo con rango imperial, mientras se exprime a los pobres cabrones de a pie. En un alarde de ironía esta “saga de Geralt” ni siquiera lo es del todo, porque el autor se centra principalmente en la pupila del brujo, Cirilla y en la narración que va hilvanando a golpe de flash-back.

La técnica narrativa es heredera del hard boiled, un caldero borboteante de personajes de toda clase y condición que suben y bajan constantemente ante nuestros ojos, moviéndose en un mundo amenazante donde la solidaridad es un bien escaso (pero no inexistente) y los peores peligros vienen no tanto de bestias encantadas, que también los hay, como de seres humanos movidos por el interés o la ambición. Todo ello narrado con un excelente dominio de los diferentes niveles del lenguaje –del más culto al más procaz, muy bien traducidos-, economía de medios y uso del diálogo acerado y certero: verdadera novela negra fantástica.

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30 Enero 2007

"El árbol rojo", de Shaun Tan

A veces el día empieza vacío de esperanzas

...y continúa así a medida que pasan las horas del día y pasan las páginas de esta historia, hasta llegar al esperanzador final del libro. Un libro breve y grande, como corresponde a las hechuras de cierta literatura infantil para ciertas edades: de 9 a 99 años.

Por el trance casi-depresivo que atraviesa la anónima chica protagonista, su sentimiento de incomunicación y opresión, su agobio por lo cotidiano, su soledad, el ver pasar ante sí las oportunidades perdidas, etc. (todo mostrado mediante las excelente dotes para la metáfora visual de su autor), pareciera que El árbol rojo es un manual de autoayuda para críos. Y si son ciertos los estudios que determinan que existe un aumento del estrés entre la población infantil de las sociedades opulentas, tal vez ése sea su cometido.

En todo caso, una (breve) historia que mantiene bien hilvanada la relación entre la tipografía, y las impactantes ilustraciones, que a veces le hacen sentir a uno chiquito y perdido en medio de un cruel y duro mundo.

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27 Enero 2007

"El silencio del aviador", de Paul Nothomb

Coraje de altos vuelos

El belga Nothomb, fallecido hace casi un año, era el último superviviente de la escuadrilla internacional de aviadores creada durante la guerra civil española por el novelista André Malraux, a quien él tanto admiraba. De aquella experiencia cada uno extrajo material para sus propias obras: el francés escribió La esperanza mientras aún proseguía el conflicto, relatando con ambición literaria y de forma amplia las acciones y el papel de los pilotos a su cargo, incluyendo el joven Nothomb, que aparecía allí bajo el nombre de Attignies. Éste a su vez publicó El silencio del aviador más de una década después, y sólo ahora se ha traducido al castellano.

Nothomb, a diferencia de su superior, se centra en un único y singurlar episodio de aquella guerra, que tiene por actores principales al aviador del título y a su comandante, Réaux-Malraux: una figura de liderazgo evidente, un organizador que sabe que ser jefe es "encomendarse al destino sin creer nunca en él". En medio de la acción y la lucha -verista, vivida-, la reflexión. Con evidentes tintes autobiográficos, esta es una obra de sospechas y culpas no confesadas, de un intimismo y una soledad que contrasta con el ruido de los motores en combate y la furia de la propaganda militante.

La duda y el recelo no impiden sin embargo que Atrier, el piloto que carga con el silencio, cumpla con su deber. Y todo a pesar de las insidias esparcidas por un comisario político que recuerda en mucho al burócrata obstaculizador que describía en Vuelo nocturno ese otro piloto-narrador que fue Saint-Exúpery. Pero no pretende Nothomb que su personaje se convierta en estereotipo heroico, una figura cómoda con la que el lector se pueda identificar: como bien señala José Ovejero en el prólogo a la novela, esta es la historia de un hombre que se niega a asumir el papel que la sociedad pretende otorgarle "porque ello significaría perder su individualidad y su libertad".

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25 Enero 2007

“Corea vista por 12 autores”, de varios idem

Autores euroepos y coreanos reunidos en una docena de historias cortas. Una buena antología para quedarse con algunos nombres del manhwa que habitualmente publica Ponent Mont, especialista en viñetas orientales de contenido más solido y menos adolescente:

La paloma falsa, de Choi Kyu-sok.
Dul Lucie, de Catel.
El árbol de Solgeo, de Lee Doo-ho.
¡Ah Pilsung Korea!, de Vanyda.
Cenicienta, de Park Heung-yong.
Beondegi, de Mathieu Sapin.
El conejo, de Byun Ki-hyun.
Cartas de Corea, de Igort.
El pino, de Lee Hee-jae.
Una rata en el país del “Yong”, de Tanquerelle.
La lluvia que pasa vuelve, de Chaemin.
Operación capitán Zidane, de Bouzard.

Los autores europeos, franceses todos menos el italiano Igort, apenas pueden aportar su experiencia autobiográfica como invitados a un salón de cómic en Seúl. Inciden en dos o tres tópicos sobre “el País de la Mañana Tranquila”, la división con el vecino del norte, etcétera. Lo mejor es su sinceridad a la hora de reconocer que son poco menos que turistas y que tampoco van a ilustrar una guía de viajes. La fábula muda de un viaje a la tierra de los dragones (Una rata en el país del Yong) y la disparatada misión secreta encargada por el presidente Chirac a un autor del cómic para debilitar a la selección coreana en el Mundial de Futbol de 2006 son las mejores historias de esta parte.

Los coreanos obviamente, conocen mejor su propio país y pueden mostrar incluso los aspectos más crudos: las calles de la ciudad están llenas de “palomas” (los mendigos o simplemente los expulsados de la rígida estructura laboral) y uno de los autores vive con ellos para retratarlos mejor; seguimos los diferentes empleos mal pagados de una “coneja”, incluido el de acompañante en un karaoke para ejecutivos borrachos; una joven asistenta social que trabaja con ancianos no tiene quien la asista en los peores momentos de soledad. Junto a estos relatos urbanitas existen otros que son recuerdos de la vida rural, en un país que hasta hace poco vivía del campo: la importancia de un par de zapatillas de plástico y el cultivo de melones, o el funeral de un tío-abuelo bajo un pinar al que asisten todos parientes de los distinto rincones del mundo.

De la antología, el trabajo mejor conseguido por la concisión de la breve historia -basada en una leyenda local- y el dominio de la ilustración es sin duda El árbol de Solgeo, cuyas imágenes (como la de arriba) hablan de un verdadero maestro que pinta a su igual.

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20 Enero 2007

Una librería de la calle Corrientes...

...sin puertas, con persianas de rombos grandes, mal iluminada, extensa, donde los libros, además de estar expuestos en los estantes de las paredes, ocupan enormes mesas con forma de cajón que cubren la superficie del local. En el fondo hay varias filas de anaqueles que apenas permiten el paso de una persona. Un mostrador en forma de ele marca el territorio del dueño. Se llama SMIRNOFF y bebe vodka Smirnoff. Es un hombre de cincuenta años, al que todos conocen y al que se trata familiarmente.

Suena un disco de jazz en un aparato portátil marca Wincofon. Otros discos esperan turno. No están a la venta. Lo único que le importa es escuchar jazz.

JOACO va pasando los libros de la mesa de a uno hasta encontrar algo que le interese: El libro de Monelle de Marcel Schwob. Lo lleva hacia el mostrador, junto con otros libros. Junto a Schmirnoff está la barra de amigos escuchando música. GUIDO, SIMÓN, FIGUEROA, y BETTY, una morena delgada y varonera. La mujer de Guido, ALICIA, está lejos de ellos, hurgando en los anaqueles.

JOACO: Llevo este. Te lo dejo acá.

GUIDO:¿Conoces Vidas imaginadas?... es lo mejor de Schwob, su obra maestra. Borges habla maravillas.

JOACO: ¿Lo tenés, Smirnoff?

SMIRNOFF: Qué sé yo, buscalo ¿Por qué mierda me tienen que preguntar a mi?

JOACO: Sos el dueño.

SMIRNOFF: Vos sos medio nuevo, por eso te lo explico, yo no leí un libro en mi vida. Estoy acá porque puedo escuchar música todo el tiempo sin que nadie me joda, hasta que llega alguno como vos.

Fragmento de Roma, del director Adolfo Aristarain. Ya al verla en el cine parecía una de las escenas más irónicas sobre la profesión del libro: Smirnoff, el librero que no leyó ni un libro y del que no se sabe si bebe smirnoff por hacer honor a su nombre o le llaman así por beber dicha marca de vodka, frente al lechugino lector que es Juan Diego Botto, el protagonista.

La historia se aprecia incluso más gracias a la lectura del guión, recopilado en un solo tomo junto a los de Lugares comunes y Martín (Hache). Curiosa trilogía precedida de una serie de introducciones y notas redactadas por un severo trabajador de la palabra y la imagen que se sirve de citas de Conrad y Baroja para hablar de su oficio. A su vez, el mismo Aristarain redacta una serie de aforismos sobre el arte (que no el Arte), cada uno tan duro como una piedra encerrada en un puño: El mundo no ha cambiado ni cambiará por un puñado de películas. El mundo tiene otros motores que lo mueven, a veces para bien, casi siempre para mal.

Tags: roma, cine, aristarain

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