La Coctelera

Comeclavos

Apodado también dientes largos y ojo de satán y lord high life y sultán de los tosedores y cabeza hendida y pies negros y chistera y bey de los mentirosos y palabra de honor y casi abogado y embarullador de procesos y médico de lavativas...

30 Noviembre 2005

¿Y por qué Comeclavos?

Comeclavos, de Albert Cohen. Editorial Anagrama

Y tras el rezo, un bautismo: queda inaugurada esta página en honor del más enrevesador y estrafalario personaje conocido en el siglo pasado, director de una cuadrilla de auténticos extravagantes, como es Pinhas Solal, alias Comeclavos.

COMECLAVOS
Apodado también dientes largos
y ojo de satán
y lord high life y sultan de los tosedores
y cabeza hendida y pies negros
y chistera y bey de los mentirosos
y palabra de honor y casi abogado
y embarullador de procesos
y médico de lavativas
y alma de interés y lleno de astucia
y devorador de patrimonios
y barba ahorquillada y padre de la mugre
y capitán de los vientos

Con un subtítulo tan descriptivo como este en su portada, cómo no pasar la siguiente página y conocer la historia de semejante personaje. Tocado con su característico y arrugado sombrero de copa, Comeclavos se hace acompañar por sus estrambóticos parientes, con los que forma el grupo de charlatanes y delirantes llamado Los Esforzados; a saber: Saltiel Solal, Salomón Solal, Michaël Rompecorazones Solal y Mattathias Mascarresina Solal.

Comeclavos es el segundo libro de una serie de cuatro (sigue a Solal y precede Bella del Señor y Los Esforzados), todos independientes de leer. En el año de 1938 este quinteto de vecinos del gueto judío de la isla griega de Cefalonia, elocuentes, liantes y engañabobos, se embarcan en una épica y disparatada aventura que les llevará, en la sufrida y demasiado seria Europa de preguerra, hasta Ginebra y el interior mismo de la burocrática Sociedad de Naciones.

Imaginemos la película Los Hermanos Marx en la ONU. Algo así sería: humor judío después de todo, una materia correosa que resiste el paso del tiempo. Y el de las catástrofes. Todavía en 1945, Primo Levi, recién salido del lager de Auschwitz acompañó durante un trecho de su viaje de vuelta a casa a un griego de la judería de Salónica, astuto en ardides y comercios (quizá un heredero de los Esforzados), que le proporcionó algunos de los momentos humorísticos de su relato La tregua.

En cuanto a este diario de lecturas, podría haberlo llamado también Tres sombreros de copa (de igual manera aparecen chisteras) como una manera de reivindicar el aniversario de Miguel Mihura, tan tapado por la cervantada del cuarto centenario del Quijote. Pero llegué a tiempo de descubrir esta novela de Albert Cohen, tan humorística o más que la pieza de teatro, y así se queda el nombre.

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