"Jennifer Gobierno", de Max Barry
Novela australiana

La editorial Tropismos es joven y es recomendable. Publica mucha narrativa, extranjera y actual (y joven). Trata de recoger las migas que deja el glotón de Jorge Herralde, pero seguramente ya encontrarán alguna promesa o uno de esos autores de culto. Hay que darles tiempo. La gente que publican sabe escribir, lo que no es poco en nuestros días.
¿La historia que cuenta Max Barry? A Hack Nike le encargan que lleve adelante la promoción de un nuevo modelo de calzado deportivo. Los gilipollas de marketing de la empresa, con John Nike a la cabeza, han tenido la curiosa idea de que si una persona escogida al azar de las que hacen cola para comprar un par de zapatillas es asesinada de un tiro en la cabeza, las ventas se dispararán. Y lo cierto es que así ocurre. La agente gubernamental Jennifer tratará de encontrar a los culpables, si es que el presupuesto del departamento le da para una investigación.
Es una sátira, claro. Todo ocurre en un futuro no demasiado lejano en el que la mayor parte del globo terráqueo es una provincia de los Estados Unidos, o más exactamente, de sus empresas, y donde la fidelidad no está motivada por cuestiones de nacionalismo, lengua o religión, sino por el espíritu corporativo y por esa gran fuerza que es el amor. El amor al dinero (¿o es que nunca oyeron a los personajes de David Mamet: Money move world). Al choque de civilizaciones le sucede la difícil elección que todo ser humano ha tenido alguna vez: Pepsi o Coca. En cierto modo se trata de una novelización de algunas ideas que aparecen en el ensayo de Naomi Klein No Logo. Pero no es lo mismo.
Es una novela con algunas buenas ideas aunque muy desaprovechadas, como se suele decir de aquel libro que quisiéramos mejorar con nuestra propia escritura. Me quedo con un puñado de imágenes entre ellas la de la gente que lleva como apellido la marca de la empresa para la que trabaja; o el tatuaje que nuestra heroína lleva bajo el ojo derecho: un código de barras (vease portada anglosajona). ¿Se pondrán de moda en el mundo real como los garabatos chinos impresos en la nuca?
El planteamiento no es malo, pero la narración es llana como pocas (y como un llanura, es un territorio literariamente árido), hay un constante abuso del diálogo de forma que el relato casi parece un guión cinematográfico y en general los personajes son planos (¿y no se ha mencionado que la narración es llana?: bienvenidos a Planilandia).
La estructura es coral; pero claro, depende del partido que le saques el empezar cada capítulo con un personaje puede resultar Manhattan Transfer o puede que no. Veremos desfilar por estas páginas a un “currito” empleado en una gran multinacional, un ejecutivo de bolsa con escrúpulos respecto a su trabajo, un voluntario de la Asociación Nacional del Rifle (la mayor empresa de seguridad planetaria), dependientes y secretarias; y, por supuesto a Jennifer Gobierno, “mamá estresada” y “perro guardián del consumo procedente del infierno”.
Alejo Cuervo dijo
Si quieres ver algunas de las ideas con las que juega Barry llevadas hasta sus últimas consecuencias, te recomiendo /Leyes de mercado/, de Richard Morgan. Es bastante menos planita y mucho más implacable. Y ya sé que está feo que algo así lo diga su editor, pero es que la novela me gusta un huevo. :-)
3 Agosto 2006 | 11:24 PM