Biblioteca en guerra
El pasado domingo terminó la exposición “Biblioteca en guerra”, organizada por la Biblioteca Nacional. Interesante para cualquier bibliófilo y lector comeclavos en general, aunque ahora ya es algo tarde para hacer publicidad. La muestra se centraba sobre todo en la figura del servicio de bibliotecarios formado en la II República y en sus tareas de salvamento de libros una vez comenzó la Guerra Civil.
Lo expuesto se dividía entre documentos de video grabados de los últimos bibliotecarios supervivientes (eso que llaman “memoria oral”) y materiales de época. Entre estos últimos hay dos grupos a resaltar. Por un lado una pequeña serie de dibujos infantiles de concursos organizados hace más de sesenta años por las instituciones (la Biblioteca lo guarda “todo”) : muestran como veían la guerra los niños del 36 y se confrontan con dibujos más recientes, hechos Iraq o Palestina. Hay quien diría que es interesado y oportunista, hay quien diría que la historia se repite.
El segundo grupo son ejemplos de libros rescatados, incluyendo un grueso incunable agujereado por las balas. Tomos como éste eran utilizados como parapeto en los edificios de la Ciudad Universitaria, antes de que el servicio bibliotecario pudiera retirarlos. Según los testimonios, las balas solían detenerse hacia la página 360, por eso se cotizaban bien para la defensa las obras completas de Benito Pérez Galdos y la Biblia Políglota, antes que los aforismos de Epicteto o los ensayos de Descartes.
Junto a la exposición se realizaron diversas conferencias presentadas por la directora del centro, Rosa Regàs. En la foto, Fernando Báez (derecha), autor de la Historia universal de la destrucción de libros, repasa con el conservador de la BN Arsenio Sánchez algunos grandes hitos de la biblioclastia: desde los archivos de Micenas y Nínive y la quema de códices mayas hasta la bibliotecas de Sarajevo y Bagdad.