"Tres cuentos", de Gustave Flaubert
Tres de los grandes
Una de las últimas obras del autor, que empezó a escribirla cinco años antes de su muerte como remedio ante la incapacidad de seguir creando una nueva novela de gran envergadura, como las que hacia en su tiempos mozos y le llevaban diez años de redacción cada una. Flaubert redactó bastantes cuentos a lo largo de su vida, pero estos son por derecho propio los Tres Cuentos. Cada uno de estos relatos conecta en su ambiente y temática con algún periodo tratado en obras anteriores. El orden seguido por el lector comeclavos es el contrario a como aparecen publicados en el volumen de Alianza: es lo bueno que tienen tanto los libros de relatos como los de poesía.
Herodías
Fresco de la Antigüedad bíblica que emparenta en su exotismo e imaginación histórica con Salambô, la novela sobre la rebelión de los mercenarios de Cartago. Imaginación histórica significa aquí “capacidad para inventarse el pasado a partir de datos inventados por los historiadores antiguos”.
Dominando el Mar Muerto desde su palacio fortaleza de Maqueronte, el tetrarca Herodes Antipas contempla a lo lejos la silueta de Jerusalén mientras rumia su soledad rodeado de esclavos, enemigos, centinelas, sacerdotes fariseos, sicarios, verdugos samaritanos y estoicos esenios. La llegada del cónsul romano y su séquito le obliga a improvisar un banquete, reunión de intrigantes y conspiradores.
Al tiempo, el rey debe lidiar con el despecho de Herodías, su esposa ilegítima y madre de Salomé: temiendo al pueblo, Herodes no se atreve a ejecutar al hombre que se pudre en una mazmorra de palacio por haber injuriado a Herodías al recriminarle su unión pecaminosa y adultera. Es Iaokanán, armado con la ira y el verbo de los antiguos profetas, al que algunos llaman Juan el Bautista…
La leyenda de san Julián el Hospitalario
Cuento medieval sobre un noble cazador sádico (hoy dirían psicópata) que termina purgando sus pecados homicidas de forma masoquista. El de las vidas de santos ya fue un tema tratado por Flaubert en la inclasificable La tentación de san Antonio. De la literatura religiosa el autor sabe extraer lo mejor, que es el personaje y esa anécdota sangrienta muy al estilo de cierta relato moralizante cristiano. Pone ambos a disposición de un relato moderno y les quita de paso toda la beatería ejemplificante acumulada como polvo a lo largo de siglos.
Como mucho después hará el Baudolino de Umberto Eco, Julián abandona su casa y el realismo histórico para entrar en los territorios mitológicos de un narración casi fantástica. Miento, es un auténtico cuento fantástico que se aprovecha de la imaginería cristiana medieval. Como en las narraciones de La leyenda Dorada, pero carente de intenciones piadosas, el personaje de Julián se ve rodeado de milagros y contempla prodigios que le conducirán a su destino final (con momentos morbosos, mórbidos y hasta calificables de gore).
Un corazón simple
Este ultimo cuento (en realidad el primero del libro) comparte con Madame Bovary un nombre: el de Félicité, la criada algo cándida de la protagonista de la novela. En este relato aparece como un personaje diferente, pero igual en todo lo demás: mujer soltera del campo que ha tenido un amorío frustrado de juventud, entra servir de criada de una viuda y sus hijos. Sabe manejarse en las cosas prácticas, pero es una cazurra intelectual, y su inocencia ignorante sobre mapas divierte a sus paisanos burgueses. Popularmente se dice de una persona así que es “un alma de Dios”; y esa es por cierto la traducción del título que le dan a una versión anterior del cuento que leí hace años.
Es este un Flaubert socarrón y escéptico que tiene algo de cariño por la criada, basada en un modelo real que conoció en su infancia. Pero también se burla del aborregamiento y la espiritualidad beata que impregna al personaje y le lleva a confundir al Espíritu Santo con un loro. Como parte de su técnica detallista de documentación, Flaubert tenía sobre su mesa uno de estos bichos disecados con intención, según él, de“llenarme el alma de loro” y poder escribir con la minuciosidad que le caracterizaba.

Magda dijo
¡Quiero este libro!
24 Febrero 2006 | 07:05 PM