La Coctelera

Comeclavos

Apodado también dientes largos y ojo de satán y lord high life y sultán de los tosedores y cabeza hendida y pies negros y chistera y bey de los mentirosos y palabra de honor y casi abogado y embarullador de procesos y médico de lavativas...

25 Julio 2006

Cementerio de elefantes

Existe una interrogación retórico-poética que es posible que todo el mundo haya escuchado al menos una vez.

¿Adónde van las palabras de un libro cuando nadie las lee?

Respuesta: francamente, no lo sé. Pero hay otra pregunta que recientement me ha llamado más la atención.

¿Adónde van los libros cuando nadie los lee?

Respuesta: a un enorme almacen a las afueras de Madrid donde acumulan polvo hasta el día del juicio final.

Bueno, seamos serios, el recinto en sí funciona como almacen de distribución de la materia así llamada libro. Entre la imprenta que lo produce (por encargo de una editorial) y la librería que lo pone a la venta existe un paso intermedio, la distribución, en el que el libro aguarda impaciente en este almacen a que alguien lo mueva en dirección a las mesas de novedades y los escaparates.

También a las estanterías de fondo, pero eso es algo cada vez menos común. A veces incluso sucede que un librero infatigable realiza un pedido a cargo de un cliente (o lector) inquebrantable que necesita ese libro en concreto.

Pero por lo general, y pasado algún tiempo, los libros se almacenan como stock poco menos que invendible. Como chorizos en una república de vegetarianos. O azucar en el país de la diabetes. No somos suficientes lectores y tampoco gozamos de tragaderas suficientes para todo lo que se publica.

La mayor parte del recinto -18.000 metros cuadrados, 15 millones de libros- se dedica a servir de cámara mortuoria hasta que llega la hora de liquidar: liquidación por saldo (entonces se llenan las mesas de ofertas de El Corte Inglés y VIPS) o liquidación literal, con la guillotina y la trituradora en marcha.

Baldas y paléts hay que contienen volumenes con más de veinte años de antigüedad: títulos olvidables o rescatables, autores consagrados, primerizos casi anónimos, temáticas obsoletas o textos que simplemente "no funcionaron". Si tales libros no se destruyen antes es porque sale más barato seguir pagando el alquiler del espacio que ocupan que moverlos a otro lado, aunque sea al vertedero.

Hasta que alguien hace cuentas.

servido por comeclavos 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Francha

Francha dijo

Cuanto me apena este articulo, aunque es real, que se escriban tantos libros y se vendan tampocos, no es que no se lean, es que no se compran y no se compran por que cada vez los libros son más caros y resultan inasequibles para muchos bolsillos y mucho más desde que se yhan subido al tren del Euro, que la mayoria de los libros han pasado de las 1500 pesetas a los 20 euros

Hay libros interesantes, libros que me gustaria tener pero tambien es cierto que no se puede leer tanto como se publica y por otra parte tampoco las librerias miman y cuidan a sus clientes habituales, algo que si se hacia antaño yo echo de menos a mis dependientes de antaño sobre todo a Agui de la Libreria General y por eso la añoro con cariño

27 Mayo 2007 | 11:49 AM

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