La Coctelera

Comeclavos

Apodado también dientes largos y ojo de satán y lord high life y sultán de los tosedores y cabeza hendida y pies negros y chistera y bey de los mentirosos y palabra de honor y casi abogado y embarullador de procesos y médico de lavativas...

24 Septiembre 2006

Rafael Reig realiza una “magistral radiografía ” de los convencionalismos culturales

Para entender el entrecomillado del título siga leyendo más abajo.

Ayer noche se celebró en Madrid la Noche Blanca o Noche en Blanco (en blanco la pasarían los vecinos del centro en sus camas, con tanto ruido como venía de la calle). Entre otras muchos espectáculos, en la Plaza de España sucedió que se reunieron en mesa redonda al aire libre varios escritores, de los cuales solo me interesa aquí que uno era Rafael Reig. Llegué al lugar justo a tiempo para oír... cómo terminaba de hablar y se levantaba la sesión, porque además estrenamos otoño y empieza a hacer frío.

Sirva esto como excusa para traer a colación el siguiente artículo aparecido en Tiempo durante el mes de agosto, cuando ya había terminado de leer su manual caníbal. Si no llego a verle no me acuerdo de que lo tenía guardado por ahí:

Contra las presentaciones de libros
Un libro sólo debería ser noticia una vez leído y, sin embargo, los autores insisten en presentarlos. ¿Es que somos acaso los lectores unas cursis solteronas provincianas que no podemos dirigirnos a novelas a las que no hayamos sido presentados? Un tipo escribe una novela. Corriente. Otro la lee. Nada que objetar. Eso es la literatura: una línea que atraviesa en zig-zag el tiempo y el espacio, como un relámpago imprevisto, para unir a un tipo que escribe en pijama, en su casa, con otro desconocido que lee descalzo, con los pies encima de la mesa. Como eso no les parece suficiente, pretenden convertirlo en acontecimiento, algo que sea indispensable presentar a la sociedad.

Titulares. En las ciudades y aun en remotas aldeas, cada tarde, se reúnen los mismos devoradores de croquetas y copas de vino apara presentarse unos a otros los últimos frutos de sus (más bien escuálidos) ingenios. Como nadie ha leído el libro (ni se propone hacerlo), la falsa noticia queda en manos de la insensata fantasía de los periodistas, estimulada por la sandez crónica de los presentadores: “Fulanito disecciona el alma europea en su última obra”, “Menganito revela el lado oculto de las religiones” o “Perenganito radiografía el espíritu andorrano”. Semejantes titulares, en cualquier otra sección del periódico, serían inadmisibles: “Repsol lanza una OPA magistral”; “Genial y melancólica salida a bolsa de Iberdrola”; “Amarga y lúcida subida de tarifas de Telefónica”. Los periodistas de Cultura, en cambio, no conocen límites y carecen de sentido del ridículo. ¿Hasta cuándo van a abusar de nuestra paciencia? ¿Qué pretenden? ¿A quién creen que engañan? ¿Por qué tenemos que soportarlo?

La verdad que hoy ponemos al descubierto es siniestra: esas grotescas hipérboles de las presentaciones no pretenden otra cosa que abrumar las mentes sencillas de los trabajadores y disuadirles de la lectura. El resultado final de la conjura salta a la vista: las ditirámbicas noticias culturales en realidad consiguen su objetivo secreto: reducir el número de lectores de obras literarias. Gracias a la incansable labor destructiva de presentadores y periodistas, la inmensa mayoría ya sólo lee libros impresentables como El código da Vinci. Estos sicarios a sueldo de intereses inconfesables de la industria editorial disuaden al lector de enfrentarse a libros que según le advierten con tono amenazador, “diseccionan”, “revelan” o “radiografían” y que, por si fuera poco, “no hacen concesiones” y “huyen de la facilidad”. Con su patético paternalismo consiguen el efecto deseado: que ningún lector en su sano juicio quiera saber nada del buen partido que le recomiendan las autoridades con alabanzas tan insensatas y corra en cambio a revolcarse de inmediato sobre ese oscuro objeto del deseo al que le han dicho que ni se acerque (Dan Brown, por ejemplo)

Lectores de todo el mundo: ¡uníos! Defendamos la cultura. Derribemos la tiranía periodística. Acabemos de una vez por todas con la odiosa lacra de las presentaciones de libros y las pseudonoticias culturales, ese insulto al lector, esa bofetada en ambas mejillas del sentido común, ese azote que pronto acabará con la lectura de novelas tal y como hasta ahora la conocemos.

Tags: rafael reig

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