Auden-Arendt, Arendt-Auden
La primera
Termino de leer los últimos ensayos que componen Prólogos y epílogos (Península) de W.H. Auden. Nadie se gana la vida con la poesía (aunque a Wystan parece que le pagaban bien por verso) de modo que la tarea crítica fue parte principal de su sustento. Pero nada que ver con la escritura mercenaria, nunca redactó críticas de ninguna obra que no le gustase. Tal vez porque siempre leía lo que le gustaba. Más o menos como el lector comeclavos que aquí comenta este libro recopilatorio con algunas de sus más selectas lecturas y comentarios.
La labor de escribir sobre lo que otros escribieron la realizó en parte Auden a través de la prensa, como es habitual en la crítica profesional. Son los epílogos a libros ya colocados en las librerías, a los que corresponden textos como Una conciencia de la realidad, sobre el diario de Virginia Wolf; Un verdadero maridaje de cerebros, acerca del epistolario entre Richard Strauss y el libretista de sus operas; o Calma incluso en la catástrofe que comenta la edición de las cartas de Vincent Van Gogh a su hermano Theo.
Pero hay también ensayos más amplios, los auténticos prólogos que preceden a libros como Viaje a Italia, de Goethe y los poemas de Cavafis; o como la introducción titulada Los griegos y nosotros destinada a una antología de literatura helénica. Este último prólogo es en verdad un auténtico ensayo sobre la mentalidad de la Antigüedad y cómo nos sigue afectando cuando leemos su poesía épica, su tragedia o sus diálogos platónicos, sin los cuales jamás habríamos llegado a tener plena conciencia, es decir jamás habríamos llegado a ser, para bien o para mal, plenamente humanos.
El crítico es sagaz. Además convence. Se le nota enamorado de lo que ha leído sin por ello dejar de pensar por qué se enamora e incluso, colmo de la crítica, hace bella literatura sobre la bella literatura de los demás. Y sin que estorbe el añadido, como un complemento más de la lectura principal. Es la capacidad de estar al nivel de los grandes que comenta, que tantos querríamos para nosotros mismos.
La segunda
¿Donde queda Hannah Arendt en todo esto? En la primera página, porque Prólogos y epílogos está dedicado a ella. Casualmente se cumple el centenario de la pensadora alemana. Por ello la fundación cultural en honor del personaje que se dedicó a esponsorizar el golpe de estado de 1936 está realizando un ciclo de conferencias sobre esta analista de los totalitarismos y de la libertad del ciudadano que tan peculiar era en su escritura. La de hoy tratará sobre “la moral como integridad” en la autora. La de anteayer lleva como tema su republicanismo, concepto que en términos de filosofía política arendtiana tiene que ver más con la toma de decisiones y la democracia deliberativa que con colgar de nuevo la tricolor en la Puerta del Sol y hacer sonar el Himno de Riego en los boletines horarios de las ocho.
La tercera
En la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se conserva el legado documental de Arendt. La parte más accesible consiste en cartas y documentos referentes a su amigo Auden. Llaman la atención unas fichas de trabajo redactadas a maquina en las que recolectó los pensamientos contenidos en su poesía. Una de ellas contiene simplemente dos versos del poema funerario en memoria de Yeats:
All the instruments do agree / The day of his death was a dark cold day (“Todos los instrumentos están de acuerdo / El día de su muerte fue oscuro y frío”)
Ésta debe ser sin duda la verdadera esencia de la filosofía poética. El hombre que compuso la letra del himno de las Naciones Unidas no creía que la poesía pudiese cambiar el mundo, pero al menos influyó en la mujer que quería entenderlo.

La cuarta
De A(rendt) a A(uden): otra de las notas recoge los líneas finales de Spain, el largo poema compuesto tras la estancia de Wystan en la España de 1937:
History to the defeated / May say alas but cannot help or pardon
(“Para el derrotado la Historia /Puede lamentarse, pero no puede ayudar ni perdonar”)
Hace años lo traduje entero y de una forma mediocre para una oscura revista literaria que ni siquiera sé si todavía se edita. Lo había leído por primera vez -la primera vez que leía a Auden- en un facsímil que reproducía la antología poética, con sus errores tipográficos originales, destinada a recaudar beneficios para la Cruz Roja en la España republicana. Desde aquel entonces nunca me abandonó ese estribillo que en el poema confronta todos los progresos del pasado (la abolición de hadas y gigantes, la ruta de la seda, la creencia en el valor absoluto de la Grecia clásica, las dinamos y la construcción de ferrocarriles a través del desierto colonial) con el terrible presente: but today the struggle.
Esta composición en concreto tenía un componente propio que la alejaba de la mera propaganda combativa o ideológica del momento, trascendía la guerra civil española para hablar de todos los conflictos en las que se recuerde un pasado mejor y un futuro que esté por venir. Lo que no impide que por sus referencias concretas:
Madrid is the Heart. Our moments of tenderness blossom/ As the ambulance and the sandbag
se haya incluido en la voluminosa Capital de la gloria. Poemas para la defensa de Madrid, publicada recientemente por la editorial Visor. En el libro se juntan los versificadores anónimos y militantes con el no menos militante bardo Alberti, que como todos los cantores de tribu sólo ensalza a los guerreros de su clan, el “poeta (comisario) del pueblo” Miguel Hernández y un Antonio Machado terminal. Y por supuesto las brigadas internacionales de la poesía, incluido el colega y compatriota de Auden, Stephen Spender.

Otra antología donde aparece Spain es Canción de cuna y otros poemas (Lumen) que recoge cronológicamente, y en edición bilingüe, las mejores obras del autor que dicen que influyó tanto en pasadas generaciones de poetas españoles. Y que por esa misma razón había sido tan poco traducido hasta ahora a nuestro idioma.
Fértil relación entre A y A. Bien que me gustaría leer alguna obra que profundizase en estos dos miembros del pequeño exilio intelectual europeo en Norteamérica.
