Peligros de la literatura (V)
De El rey de los vagabundos, de Neal Stephenson

Una posada en SajoniaEl barrio de los libreros tenía el aspecto y operaba como el resto de Leipzig excepto que el producto eran libros: caían de toneles, se elevaban en montones inestables, o se disponían en bloques que luego se envolvían y ataban y se apilaban formando bloques mayores. Porteadores doblados los cargaban en capachos y canastas a la espalda. El Doctor, nunca dispuesto a hacer nada de prisa, dedicó varios minutos a situar su carruaje y escolta frente a la salida más amplia y libre de la feria de libros. En particular se preguntó si a Jack no le importaría montar a Turco y (a falta de término mejor) posar entre los libreros y el carruaje. Jack así lo hizo, y con razonable alegría, habiendo renunciado a cualquier esperanza de huir de la ciudad antes del anochecer.
El Doctor cuadró los hombros, ajustó numerosos subsistemas de confección (hoy vestía un abrigo bordado con flores, como las que había pintadas en el carruaje) y penetró en la feria de libros. Jack ya no podía verle, pero podía oírle. No su voz, claro, sino más bien el efecto que la apariencia del Doctor provocaba en el sonido general de la feria. Como cuando se arroja un puñado de sal en un caldero a punto de hervir: primero silencio, luego un incremento profundo y firme.
El Doctor regresó corriendo. Se movía bien para un hombre que llevaba tacones. Le perseguían los libreros de Königsberg, Basilea, Rostock, Kiel, Florencia, Estrasburgo, Edimburgo, Dusseldorf, Copenhague, Amberes, Sevilla, París y Danzig, con un segundo escalón no muy atrás. El Doctor pasó junto a Jack mucho antes que los demás. El ver a un hombre a caballo con un sable pagano les hizo detenerse en seco. Después de eso se contentaron con lanzar libros: cualquier libro que estuviese mano. Atacaron a porteadores, molestaron exhibiciones promocionales, patearon toneles para obtener munición y el aire por encima y alrededor de Jack se oscureció por los libros, como cuando una bandada de pájaros pasa por encima. Cayeron abiertos sobre el empedrado y escupieron sus grabados ilustrativos: retratos de grandes hombres, representaciones del asedio a Viena, diagramas de dispositivos mineros, un mapa de una ciudad italiana, una disección del intestino grueso, vastas tablas de números, ejercicios de mosquete, demostraciones geométricas, esqueletos humanos adoptando poses indiferentes, las constelaciones del Zodiaco, aparejos de barquentinas foráneas, diseños para hornos alquímicos, hotentotes furiosos con huesos en la nariz, treinta estilos de ventanas barrocas. Toda la escena se desarrolló con muy pocos gritos, como si la expulsión del Doctor fuese un asunto rutinario para los libreros. Al chasquear el látigo del cochero, ejecutaron algunos lanzamientos finales poco entusiastas y se volvieron para regresar a las conversaciones que el Doctor hubiese interrumpido. Jack, por su parte, adoptó una posición ceremonial de retaguardia tras el carro de equipaje del Doctor (ahora inadvertidamente cargado con algunos libros aleatorios). Los impactos chispeantes y frágiles de las herraduras y las llantas de las ruedas contra el empedrado eran como notas celestiales a sus oídos de vagabundo.
Segundo tomo (tras Azogue) del primer libro de la trilogía titulada "Ciclo Barroco". No lo llaman barroco por nada.

amigaeterna dijo
Recuerdo ese pasaje... si, barroco es en si todo el ciclo.
Buena elección.
Mi personaje favorito... La odalisca (creo recordar que el primer ), el siguiente tomo.
Saludos,
16 Febrero 2007 | 10:14 PM